ROQUE JOAQUÍN DE ALCUBIERRE, EL ZARAGOZANO QUE DESCUBRIÓ POMPEYA

FotoRoqueJoaquinDeAlcubierreAgosto2015El descubrimiento de la ciudad romana de Pompeya, sepultada por la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.c., cambió completamente nuestra concepción de la historia. Sin embargo seguro que no conoces el nombre de su descubridor a pesar de haber nacido éste en Zaragoza. Hoy en Aragón Curioso desenterramos el misterio y relatamos las peripecias de la persona a quien la humanidad debe tal hallazgo, el aragonés Roque Joaquín de Alcubierre. Puedes escuchar nuestra versión podcast desde este link.

Demasiado desconocido para haber protagonizado un descubrimiento que cambiaría la historia, el aragonés Roque Joaquín de Alcubierre dio en 1748 con la ciudad romana de Pompeya.

Este ingeniero militar nacido comenzando el S. XVIII en Zaragoza también descubriría otras poblaciones del Imperio Romano como Herculano y Estabia.

Aunque tuvo sus más y sus menos con varios de sus colaboradores estaría en contacto con estos yacimientos hasta el fin de sus días. Murió con 77 años. Tres antes reconocerían la labor de una vida nombrándole Mariscal de Campo de Nápoles.

El 24 de agosto del 79 después de cristo fue cuando, probablemente, el volcán Vesubio, en el sur de Italia, comenzó a temblar y arrojar ceniza acabando por sepultar la ciudad de Pompeya así como poblaciones próximas.

Aquel día de verano quedaría fotografiado en tres dimensiones para la posteridad.

En el año 1738 el zaragozano Roque Joaquín de Alcubierre, ingeniero militar destinado en Nápoles, trabajaba desde la comarca de Portici construyendo un palacio para el rey de Nápoles, Carlos VII, que, para ubicarte, pasaría a ser más adelante Carlos III de España.
Al aragonés le habían llegado rumores de la gente del lugar sobre hallazgos de objetos antiguos. Animado principalmente por el cirujano Giovanni de Angelis, con quien tenía muy buena amistad, les propuso a sus superiores comenzar a excavar con el fin de encontrar tesoros antiguos.

Enseguida hallaron unas inscripciones que más tarde resultarían pertenecer al teatro de la localidad romana de Herculano. Conforme fueron descubriendo lo que el Vesubio había guardado minuciosamente durante dieciséis siglos, fue aumentando la sorpresa de todos. Nadie, ni por asomo, pensó en encontrar algo así. De Alcubierre dirigiría todas las obras.

Sería diez años después cuando Roque, motivado por el éxito, decidiría excavar en un lugar conocido como Civita. Fue entonces cuando su trabajo pasaría del todo a la posteridad al descubrir la ciudad romana de Pompeya.

Fue la primera vez que se supo con certeza cómo se vivía en la Roma del siglo primero. Los quehaceres cotidianos de aquella población quedaron plasmados gracias a un reloj que paró sus saetas en agosto del año 79 y congeló ese instante. El maño trabajaría también en Estabia, Sorrento, Capri, Pozzuoli y Cumas.

En 1860 el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli propuso rellenar de yeso los huecos en los que habían quedado los moldes de los cadáveres tras la lluvia de ceniza del volcán. El resultado es espectacular.

Hoy, junto a construcciones romanas en un estado buenísimo, pueden verse los cuerpos de los habitantes de Pompeya que no huyeron en claras expresiones de terror. Tumbados, tapándose la boca para evitar el efecto de los gases, otros aferrados a sus joyas, algunos quitándose la vida…

Lo cierto es que Roque tendría desavenencias con colaboradores suyos, posiblemente porque no tenía muy claro cómo conservar lo que encontraba, así como por su carácter autoritario.

No se llevó muy bien con gente como el suizo Carlos Weber o el romano Francesco de la Vega. Además el padre y fundador de la arqueología y la historia del arte, el alemán Wickelmann, se encargaría de criticar su trabajo.

El conde Conti diría, no obstante, que a pesar de sus errores, imputables a su falta de experiencia y de formación arqueológica, sus méritos son inmensos.

Aunque se vio obligado a centrarse cada vez más en el ejército y menos en los yacimientos, siguió en contacto con las importantes obras del sur de Italia hasta su muerte, a los 77 años. Sólo tres antes le nombrarían Mariscal de Campo de Nápoles como reconocimiento a toda una vida.

Hoy Roque Joaquín de Alcubierre tiene incluso una calle en su Zaragoza natal cercana al río Ebro a su paso por la desembocadura del Huerva. No obstante sigue siendo uno de los aragoneses ilustres más desconocidos a pesar de que su labor fuera crucial para entender la historia de la humanidad como la concebimos hoy.

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