LOS AMANTES DE TERUEL

FotoLosAmantesDeTeruelAgosto2013La suya es una historia de amor que ha traspasado el tiempo y que está a la altura de las grandes parejas de enamorados de la literatura como Romeo y Julieta. Hoy viajamos a la capital del Turia para tratar la tradición de los amantes de Teruel. Un famoso relato en el que historia y leyenda se confunden, y que se remonta al siglo XIV.  Puedes escuchar nuestra versión podcast desde este link.

A pesar de que la tradición le ha dado a él, el nombre de Diego Marcilla, el primer documento conservado que habla de esta historia se refiere a este joven turolense como Juan, aunque popularmente ha calado más el nombre de Diego. Y es que poco se conoce de la historia de estos amantes. Precisamente, ese primer documento datado en el siglo XV no ha llegado hasta nosotros. Lo conocemos gracias a un protocolo certificado por el notario Yagüe de Salas en el siglo XVII.
Yagüe de Salas copió literalmente el relato en el que se hacía referencia a la historia de los Amantes. Según este documento no solo Diego se llamaría Juan, sino que no aparecería el nombre de la joven, tan solo su apellido: Segura. Por lo que parece que fue la tradición quien la bautizó como Isabel.

Sin embargo, que ese primer texto se escribiese en el siglo XV no implica que la historia de los amantes fuese de esa época. Todo parece indicar que la tradición de los amantes fue algo anterior. La respuesta pueden darla los dos cuerpos momificados que se atribuyen a los amantes y que reposan en el mausoleo esculpido por Juan de Ávalos en Teruel. No son cadáveres procedentes de la Guerra Civil, ni dos ancianos del Jiloca, ni una pareja de la Guardia Civil, como se especuló durante años. Las pruebas de Carbono 14 que se les hicieron en 2004, desvelaron que las momias pertenecían a un hombre y una mujer que murieron en el siglo XIV. Unas fechas que corresponden más o menos con el comienzo de la leyenda.

Sean o no estos cuerpos los de los amantes, pasase realmente o no esta historia, lo verdaderamente importante es que esta leyenda forma parte ya del imaginario colectivo, de la tradición oral y son símbolo del amor más allá de la muerte. Un simbolismo que vemos reflejado en su mausoleo en Teruel, donde las manos de ambos amantes se acercan, casi se tocan aunque nunca lo consiguen, manifestando su amor imposible.

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